Tras la muerte de su abuela, Clara se ve obligada a dejar Barcelona para trasladarse a Colmenar, un pequeño pueblo de montaña donde reside el único familiar que le queda con vida. Apenas se conocen, pero tendrán que convivir un año entero, hasta que Clara cumpla los dieciocho. Lejos de su casa y de su mundo, Clara deberá enfrentarse a sí misma y a sus propios fantasmas, y mientras desentierra viejos secretos familiares, dos chicos totalmente diferentes, Braulio y Bosco, despertarán a la magia de su corazón dormido... con consecuencias imprevisibles.
Hacía tiempo que no me sumergía en una historia de amor paranormal. Es cierto: llevaba varias semanas -incluso meses- en los que no me sumergía entre las páginas de una poética historia de romances que van más allá del tiempo, tan sencilla pero a la vez grandiosa que se te acaba por antojar hermosa. Y, para seros sinceros, las echaba de menos. Es por eso que cuando cogí entre mis manos esta maravillosa obra de Esther Sanz, supe de inmediato que mi espíritu lector volvía a las andadas del amor cien por cien adolescente, ciertamente azucarado -pero sin llegar a excesos- y con una trama cuyo trasfondo es más profundo de lo que, a simple vista, parece.
Esther no sólo me ha devuelto las ganas por descubrir más mundos donde lo paranormal prima sobre lo racional, sino que, además, lo ha hecho pro la puerta grande, ofreciéndonos un impresionante libro repleto de misterio, melancolía y con un hilo conductor sorprendente. Y es que eso es una de las cosas que más me han gustado de la novela. La autora da un giro de 180 grados a todas las típicas tramas de este tipo de historias, regalándonos una trama muy original y sorprendente. ¿Quién había leído antes sobre el poder de las abejas y sobre flores con el don de la inmortalidad? Yo, al menos, no, y eso es un gran punto a favor para Esther.
La historia es, como ya he dicho, original e innovadora dentro de todo el mundo de la romántica paranormal y juvenil. Por eso no es de extrañar que Montena la haya metido dentro de su colección Ellas, pues esta tierna obra es lo que todos los románticos deseamos. La autora posee una pluma sencilla, ágil y directa, pero dotada de una gran sensibilidad y musicalidad que harán que las letras se escuchen, no se lean.
Sin embargo, el ritmo a veces puede resultar algo lento y ciertamente pesado, habiendo escenas que pueden resultar más complejas de leer. Es por ello que le falta algo más de acción para redondear y perfeccionar la novela y hacerla más amena. No obstante, estoy seguro que su segunda parte tendrá todos aquellos alicientes que en este volumen faltaban.
Y, para terminar esta reseña, os hablaré del final. Un desenlace sorprendente, si bien algo previsible. Los misterios que se plantean a lo algo de la novela se van descubriendo poco a poco, aunque hay ocasiones en las que conoces su resolución incluso antes de que la autora los explique. No obstante, es un muy buen final que abre las puertas a algo que, sin duda, será muy grande.
4/5
*Agradecimientos a Montena por el ejemplar*
