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viernes, 8 de marzo de 2013

Siempre, de Maggie Stiefvater

Justo cuando creían que todo había llegado a su fin, cambian las tornas: ahora es Grace la condenada a convertirse en loba con la llegada del invierno. Sam, desesperado y con la ayuda de Cole y Isabel, buscará por todas partes la cura que ayude a su novia y a todos los demás licántropos a volver a ser humanos de nuevo. Sin embargo, un peligro aun mayor acecha cuando aparece una chica muerta en el bosque y se inicia la caza insaciable de todos los lobos de Mercy Falls.




Después de esperarlo durante muchísimo tiempo, leí este libro con demasiadas precauciones. La segunda parte de esta maravillosa trilogía, Rastro (que podéis encontrar reseñada en el blog), me había decepcionado un poco en comparación con la genialidad de Temblor. No sabía a que me iba a enfrentar cuando abrí por primera vez este tan esperadísimo desenlace y tenía miedo que la autora no hubiese estado a la altura de las circunstancias para regalarnos un buen punto y final. Como ya dije en otras ocasiones, para mí Temblor hubiese sido un perfecto libro autoconclusivo, con todo bien atadito y dejando lo mínimo a la imaginación. Pero claro, un best-seller es una mina de oro y hay que explotarlo y alargarlo hasta la saciedad, a veces con nefastos resultados. Sin embargo, y para mi grata sorpresa, Siempre resultó ser un buen libro, entretenido y bonito, digno final para esta trilogía, pero sin ser tan asombroso como su primera parte. Y es que Stiefvater tiene algo especial que te engancha a sus historias, una magia poderosa e hipnótica.

Para qué mentirnos: los dos libros que suceden a Temblor son puramente de relleno para crear una trilogía y no quedarse en la mera autoconclusión. Primero nos encontramos con una historia hermosa de amor sobre un licántropo (llamémoslo así) y una humana, algo demasiado trillado en la literatura juvenil, pero que tenía sus ideas originales muy bien labradas. Hasta ahí todo perfecto: la pluma de la autora era una delicia, los personajes eran dignos de recordar y todo el tema de los lobos era genial. Ya después apareció Rastro con aires de ser incluso mejor que el primer libro, pero que no pudo sino quedarse relegado a un libro-puente entre el inicio y el desenlace. Y por fin llegó Siempre, que al final resultó ser mejor de lo esperado. Es cierto que nada nuevo se nos descubre; es más, todo es el mismo esquema invirtiendo los roles. No obstante, la autora sabe llevar muy bien su historia mediante una narrativa exquisita y llena de matices poéticos y unas escenas que se quedan grabadas a fuego en tu mente. Sabe describir y sabe expresar lo que todos sienten a las mil maravillas e incluso se atreve a ofrecernos todas las dosis de acción (no esperéis nada grande en un libro cien por cien romántico) que anhelamos tanto en las anteriores entregas. El ritmo, por lo tanto, es ameno, siempre ascendente y sin apenas altibajos.

No todo son buenas palabras, no os creáis. Siempre tiene muchos fallos, pero la mayoría de ellos son tan insignificantes que se pasan por alto fácilmente. Por ejemplo, hay cosas que me parecieron demasiado repetitivas: Stiefvater no se desgasta mucho la imaginación y eso hace que, en ocasiones, tengas más de un déjà vu. Otro punto muy interesante a destacar es que aquí Sam no es el Sam que conocí: su ternura, su inocencia atractiva y todo su halo de sufrimiento desaparecen para dar lugar a una sombra mucho más sombría y egoísta. Es una evolución interesante y real, la verdad, pero no terminó de gustarme del todo. No obstante, lejos de todo esto, el final es el correcto y el más idóneo para esta trilogía, ni muy feliz ni muy caótico. Por eso os digo que si queréis disfrutar de una trilogía repleta de amor, poesía, magia y ternura, Los Lobos de Mercy Falls es vuestra perfecta apuesta.

4/5

*Agradecimientos a SM por el ejemplar*

domingo, 8 de agosto de 2010

Temblor, de Maggie Stiefvater

Grace, una joven muy práctica e independiente, conoce a un chico, Sam, cuyos ojos amarillentos despiertan en ella ecos de una familiaridad no exenta de inquietud. Tras el verano llega el invierno y, con él, cambios que no siempre son deseados. ¿Podrán ambos jóvenes superar los obstáculos que existen en sus vidas

Sería capaz de encontrar miles de adjetivos que resumieran perfectamente la esencia de este libro, pero puestos a elegir, me quedaría, sin duda, con hermoso. Y es que en Temblor tenemos todo lo que podríamos desear: amor a raudales, licántropos, sentimientos a flor de piel, malos, buenos, personajes a medio camino entre la luz y la oscuridad, misterios, sorpresas y, sobre todo, un par de protagonistas maravillosos. ¿Qué más se puede pedir?

La historia, aunque está bastante (y por bastante quiero decir mucho) trillada hoy en día, da un giro que a mí, personalmente, me encantó. No son vampiros enamorados de humanos y viceversa, sino licántropos. Pero no son los típicos hombre lobos que se convierten a voluntad o cuando hay luna llena. No, nada de eso. Estos lobos son mucho más especiales y es precisamente lo que le da a la novela ese toque de originalidad que tanto necesitaba en la literatura juvenil actual. Se convierten con el frío. En las estaciones calurosas, no son más que gente tan corriente como tú y como yo, pero que con las bajas temperaturas se convierten en lobos: los de Mercy Falls. Y es aquí donde comienza la historia.

Grace, nuestra protagonista, lo sabe. Sabe qué son en realidad los lobos. Y a pesar de temerles, ya que cuando era pequeña casi fue devorada por ellos, los ama, especialemente a uno: el que le salvó la vida. Grace no es más que la típica adolescente de diecisiete años que va al instituto, tiene dos mejores amigas (a cada cuál más entrañable) es guapa e inteligente. Pero no, lectores, no es la típica damisela en apuros. Ella es fuerte, decidida, independiente, luchadora, con las cosas claras y muy terca. Después tenemos al chico, Sam. Tiene dieciocho años, es un poquito emo, tímido, con los ojos de un extraño color amarillo, un pasado oscuro y un secreto inconfesable: es un lobo, el mismo que le salvó la vida a Grace.

Olvidaos del amor empalago y altamente azucarado y dad la bienvenida a un romance real, de los que te hacen desear que el invierno no llegue nunca. Tiene escenas el las que abrazas el libro, en las que lloras a más no poder, en las que gritas sin saber el por qué. Es algo lento, eso sí, pero solo los primeros capítulos. Después se lee en un suspiro. Una vez leas la primera letra, olvídate de parar.

Otro punto a favor es la formar en la que está narrado, desde el punto de vista de Grace y desde el de Sam. Sin duda, los capítulos del chico me gustaban más que los de la chica. Eso hace una lectura amena y ágil, que mezclada con la maravillosa narrativa de Stiefvater, hacen que Temblor tenga un puesto privilegiado en las estanterías. ¿Y el final? Perfecto. Previsible, pero perfecto. Aunque tengo miedo. Miedo a la segunda y tercera parte, porque queda bastante cerrado y no sé como enfocará la autora el resto de la trilogía. 


Conoce más de la novela aquí.

5/5