martes, 23 de diciembre de 2014

Queridos Reyes Magos...

Queridos Reyes Magos de la Fnac:

Como viene siendo ya tradición, este año he sido muy bueno. Y no, no solamente desde hace unos días, cuando miré el calendario y me di cuenta de que quedaba menos de un mes para que llegáseis desde el lejano Oriente cargados de regalos. Lo llevo siendo desde la última vez que os vi; o, mejor dicho, desde que os escuché a través de la pared de mi habitación (en serio, deberíais decirle a Melchor que no hace falta hacer tanto ruido para comer. Y que, por favor, deje de saquearme la cocina en busca de las TostaRica, porque este año están a mejor recaudo, lo siento). 

Sí, he tenido mis más y menos, no os lo voy a negar. A veces no he hecho las tareas de casa que me tocaban; he procrastinado más de lo que podría llegar a imaginar y os he maldecido alguna que otra vez, sobre todo cuando al día siguiente de vuestra llegada vi todo el desastre que habían dejado los camellos (este año los aparcáis en la terraza, que las manchas de barro en el sofá salen muy mal). ¿Pero qué iba a ser de mí si fuese un santurrón los trescientos sesenta y cinco días del año? Tenéis que comprender que hay situaciones en las que me sale la vena mala y me pongo como Hulk, aunque en seguida se me pasa. Tengo una sobrina de cinco años; convivo con ella durante todo el día, soportando que entre en mi cuarto cada dos por tres para robarme los folios y el peluche de Bob Esponja que tengo en la estantería. Es normal que, a veces, me porte mal, a pesar de que la quiero (y también a vosotros, no os vayáis a poner celosos) un montón. Lo entendéis, ¿verdad? Y si no os fastidiáis, que para eso os dejo una buena bandeja de dulces cada año. Así que he pensado que, como os habéis dado cuenta de que soy muy bueno, os podría dejar por aquí debajo una pequeña lista de las cosas que me encantarían encontrarme bajo el árbol (que, por cierto, este año es rojo) la mañana del 6 de enero. 

Son solo cuatro tonterías, no os preocupéis.

En primer lugar, como me conocéis tan bien, sabéis que la tecnología y yo nos llevamos genial. Y si, además, habéis cumplido con vuestra obligación de observarme cada día, sabréis que mi móvil cada vez va peor, así que sería una gran idea que me trajeseis un LG 3G S de 273€. ¡El estilo ante todo!

También había pensando que, como me gusta tanto leer, un par de libros no estarían nada mal. Bueno, quien dice un par dice el estuche con la trilogía completa de Divergente, de Veronica Roth, que cuesta 49€ de nada. Os aseguro que habría más, pero con esos ya soy feliz.

Si por algún casual ninguno de esos regalos os convence, os voy a contar un pequeño secreto: me encantan las adaptaciones literarias. Es más, me he propuesto coleccionar todas las películas que se basen en mis libros favoritos. Pero claro, es una afición cara, así que si quisiérais echarme una mano con esto, podríais traerme el DVD de Bajo la misma estrella (16,99€), Cazadores de sombras (9,99€), Las ventajas de ser un marginado (9,99€), Los juegos del hambre (5,99€), En llamas (10,99€) o Divergente (16,99€). ¡Casi nada!

Y, bueno, no sé si os habréis enterado de que han sacado un pack fabuloso por 83,99€ con las cinco primeras temporadas de Crónicas Vampíricas. Y otro casi igual de chulo de American Horror Story por 54,95€. Buenos, bonitos y baratos, así que elegid el que queráis.

Después de todo, si tras tanto esfuerzo para elegir tan poquitas cosas preferís regalarme algo completamente distinto (no os diré que no os pienso odiar, porque sabéis que así sería), aquí os dejo un inspirador de regalos muy chachi que os puede ser últil. ¡Para que luego os quejéis de mí!


En fin, creo que va siendo hora de finiquitar con esto, pero no sin antes chivaros que aquí podéis ver cómo participar en un concurso de wishlists navideñas muy guay que convoca la Fnac. No estaría mal que por una vez fuéseis vosotros los niños ilusionados que hacen trampas y se despiertan antes de que el sol salga el día de Reyes, ¿verdad? Ah, y decidle a Melchor que este año las TostaRica son de Frozen... Y que le dejaré un paquete entero solo para él, que no se preocupe.

A fin de cuentas, solo venís una vez al año.

Con muchísimo cariño,

J.

jueves, 20 de noviembre de 2014

El niño que quería matar, de Lolita Bosch

<<Me llamo Max, tengo catorce años y tengo más miedo que el resto de los niños. Porque a veces me pasan por la cabeza unas cosas muy extrañas que no sé qué son, de dónde vienen ni para qué sirven. Si es que sirven para algo. Y entonces tengo la sensación de que los otros se dan cuenta de que no soy como ellos y por eso me tienen miedo>>.

Me encantan las historias que tienen como protagonista a una persona con problemas mentales. No me preguntéis el por qué, pero es así. Supongo que se debe al hecho de que la complejidad y profundidad de dicho personaje es mucho mayor y, sinceramente, sigo siendo de esos que valoran más un protagonista bien construido antes que una trama llena de aventuras. Es por eso que no dudé en leer El niño que quería matar en cuanto tuve ocasión. Sabía de su existencia, pero nunca había leído reseñas ni extractos de él, algo que a lo que me estoy acostumbrando mucho últimamente. Así, si me sorprende gratamente, será más especial que si ya fuera con una pequeña idea preconcebida en la cabeza.

Sin embargo, esta primera toma de contacto con Lolita Bosch no ha sido nada placentera, a pesar de, vuelvo a repetir, tener todos los ingredientes necesarios para encantarme.

Lo más importante a destacar es que la historia se queda demasiado corta. Cuando ronda por tu mente una trama tan complicada como es la de un niño que tiene continuamente pensamientos sobre matar, no es bueno que optes por ir por el camino más sencillo y menos extenso. Tienes que explotar la psicología de los protagonistas, las circunstancias, la relación con el resto de personajes... Y Bosch ha fallado en esta labor: nos presenta una historia demasiado plana, sin evolución ninguna, donde las páginas son un continuo repetir de las mismas ideas de Max (incluso de las mismas frases y escenas). Ni se avanza ni se mejora en ningún momento, aunque las bases están muy bien planteadas y el ritmo es constante.

Podríamos decir que El niño que quería matar se trata de un relato que podría haber sido mucho y al final se quedó en casi nada. Y ojo, no todo es malo: todo tiene un sentido, una explicación lógica y realmente llegas a creerte la voz del protagonista, a pesar actuar demasiado infantil para tener catorce años. Es más, en un par de ocasiones se presentan oportunidades de cosas que pueden dar mucho juego y convertirse en algo grande, pero que finalmente acaban reducidas a cenizas.

Lo más triste es, sin duda, el hecho de que ningún personaje está definido. Todos parecen poseer la misma voz, actúan igual, piensan lo mismo, no contrastan unos de otros. Se quedan muy desdibujados y acabas frustrándote por ello.

En definitiva, El niño que quería matar es el claro ejemplo de como unas cien páginas más y una trama más sólida y adictiva podrían haber convertido un sencillo relato en una novela casi imprescindible. 

Conoce más de la novela aquí.
Agradecimientos a la editorial por el ejemplar.

1,5/5

martes, 18 de noviembre de 2014

Fictional boyfriend tag

Llevaba nominado a este tag desde hacía mucho tiempo, pero al final me decidí a grabarlo y traéroslo después de estar más de un mes desconectado completamente del mundo. En él os hablaré de quiénes considero mis novios ficticios ideales, desde Peeta Mellark hasta el Oscuro.

DISFRUTADLO