jueves, 20 de noviembre de 2014

El niño que quería matar, de Lolita Bosch

<<Me llamo Max, tengo catorce años y tengo más miedo que el resto de los niños. Porque a veces me pasan por la cabeza unas cosas muy extrañas que no sé qué son, de dónde vienen ni para qué sirven. Si es que sirven para algo. Y entonces tengo la sensación de que los otros se dan cuenta de que no soy como ellos y por eso me tienen miedo>>.

Me encantan las historias que tienen como protagonista a una persona con problemas mentales. No me preguntéis el por qué, pero es así. Supongo que se debe al hecho de que la complejidad y profundidad de dicho personaje es mucho mayor y, sinceramente, sigo siendo de esos que valoran más un protagonista bien construido antes que una trama llena de aventuras. Es por eso que no dudé en leer El niño que quería matar en cuanto tuve ocasión. Sabía de su existencia, pero nunca había leído reseñas ni extractos de él, algo que a lo que me estoy acostumbrando mucho últimamente. Así, si me sorprende gratamente, será más especial que si ya fuera con una pequeña idea preconcebida en la cabeza.

Sin embargo, esta primera toma de contacto con Lolita Bosch no ha sido nada placentera, a pesar de, vuelvo a repetir, tener todos los ingredientes necesarios para encantarme.

Lo más importante a destacar es que la historia se queda demasiado corta. Cuando ronda por tu mente una trama tan complicada como es la de un niño que tiene continuamente pensamientos sobre matar, no es bueno que optes por ir por el camino más sencillo y menos extenso. Tienes que explotar la psicología de los protagonistas, las circunstancias, la relación con el resto de personajes... Y Bosch ha fallado en esta labor: nos presenta una historia demasiado plana, sin evolución ninguna, donde las páginas son un continuo repetir de las mismas ideas de Max (incluso de las mismas frases y escenas). Ni se avanza ni se mejora en ningún momento, aunque las bases están muy bien planteadas y el ritmo es constante.

Podríamos decir que El niño que quería matar se trata de un relato que podría haber sido mucho y al final se quedó en casi nada. Y ojo, no todo es malo: todo tiene un sentido, una explicación lógica y realmente llegas a creerte la voz del protagonista, a pesar actuar demasiado infantil para tener catorce años. Es más, en un par de ocasiones se presentan oportunidades de cosas que pueden dar mucho juego y convertirse en algo grande, pero que finalmente acaban reducidas a cenizas.

Lo más triste es, sin duda, el hecho de que ningún personaje está definido. Todos parecen poseer la misma voz, actúan igual, piensan lo mismo, no contrastan unos de otros. Se quedan muy desdibujados y acabas frustrándote por ello.

En definitiva, El niño que quería matar es el claro ejemplo de como unas cien páginas más y una trama más sólida y adictiva podrían haber convertido un sencillo relato en una novela casi imprescindible. 

Conoce más de la novela aquí.
Agradecimientos a la editorial por el ejemplar.

1,5/5

martes, 18 de noviembre de 2014

Fictional boyfriend tag

Llevaba nominado a este tag desde hacía mucho tiempo, pero al final me decidí a grabarlo y traéroslo después de estar más de un mes desconectado completamente del mundo. En él os hablaré de quiénes considero mis novios ficticios ideales, desde Peeta Mellark hasta el Oscuro.

DISFRUTADLO

viernes, 14 de noviembre de 2014

Resumiendo en pocas líneas

Que desaparezco durante largas temporadas sin previo aviso es algo a lo que ya estáis más que acostumbrados, pero muchas veces no se trata únicamente de mera pereza blogueril. Al contrario, otras tantas es por cosas ajenas que no soy capaz de controlar. Y sí, durante los pocos días que llevamos de noviembre no he actualizado por pura procrastinación, lo admito, pero lo que ocurrió en octubre fue otro cantar.

Lo primero: me he mudado de piso. Si soy seguidores de mi canal de Youtube, sabréis que había dejado de vivir en Plasencia para cambiarme a Madrid, la ciudad donde llevo ya la friolera de cinco meses (que para mí es mucho atendiéndo al hecho de que parece que fue ayer cuando hice las maletas y me trasladé a la capital). Esto supuso muy poco tiempo para sentarme frente al ordenador y teclear hasta dar con una reseña lo suficientemente decente como para poder publicarla por estos lares. Y, porqué no decirlo, tampoco es que me apeteciese mucho en los ratos libres que tenía.

Sin embargo, la razón principal (y, supongo, la única válida) es que estuve todo el mes pasado sin internet. Como sabéis, cuando te mudas de un piso a otro tienes que hacer un traslado de domicilio de la línea ADSL. En principio tenía que haber sido un mero trámite que no durase más de una semana, pero que al final acabó convirtiéndose en más de treinta días. Gracias, querido Vodafone.

Creedme que en todo ese tiempo me di cuenta de que soy una persona que apenas puede vivir sin su alta dosis diaria de wifi en vena. Pero bueno, lo peor ya pasó y aquí vuelvo otra vez, con ganas de traeros de nuevo varias reseñas pendientes, vídeos y demás tonterías que, como imagináis, se me ocurren a cada minuto. Y si por alguna extraña casualidad de vida queréis seguir sabiendo de mí, en este fabuloso Twitter estoy las 24 horas al día.

Gracias por seguir ahí.